OVISTAS Y ESPERMISTAS

Antes de que la ciencia descubriera que la generación humana inicia con la unión de un óvulo con un espermatozoide, existieron varias teorías que intentaron explicarla. Estas teorías existieron incluso antes de que pudiésemos observar un óvulo o un espermatozoide. Algunas de esas teorías postularon que todas las estructuras del ser humano ya existían en una especie de semilla, solo que de forma muy pequeña, lo que también se conoce como “homúnculo”.

Una de esas teorías fue el ovismo. Los ovistas creían que todas las criaturas vivas procedían de un huevo, de forma similar a como lo hacían las aves y los reptiles. El creador de esta teoría fue William Harvey, un médico inglés que también fue el primero en describir de forma correcta las características del sistema sanguíneo. En 1651 escribió un tratado[1] en donde se utilizó por primera vez el concepto de “ovocito” u “óvulo”. Según Harvey, la mujer producía una especie de huevo de la cual procede el ser humano. Inspirándose en el mito de “La Caja de Pandora”, colocó dentro de su libro una ilustración de Zeus abriendo un huevo del cual salían insectos, mamíferos, aves, reptiles y un ser humano. Este huevo tenía una inscripción que decía «ex ovo omnia», que significa “todo procede de un huevo”.

Hartsoeker, Nicolaas: Essay de dioptrique, 1694, París, p. 230.
Hartsoeker: Essay de dioptrique, 1694

Otra teoría fue la del espermismo. En el fondo era lo mismo que el ovismo solo que explicaban que el ser humano se encontraba en forma miniatura dentro del esperma del varón. Esta teoría tuvo un fuerte apoyo cuando en 1677 se vieron espermatozoides por primera vez a través de un microscopio. El responsable de la hazaña fue Antonie van Leeuwenhoek, un comerciante y productor de microscopios, hoy reconocido como el padre de la microbiología. En noviembre de 1677 él reportó a la Royal Society de Londres, la institución científica de mayor prestigio en Europa, su descubrimiento a través de una carta. En ella describe haber observado unos dierkens o animales pequeños, que posteriormente se tradujo como “animálculos”. Consciente de que sus observaciones podían ser escandalosas, autoriza a la institución a manejar la información como mejor le parezca: «Si su señoría cree que estas observaciones pueden molestar o escandalizar a los eruditos, le ruego encarecidamente a su señoría que las considere privadas y que las publique o las destruya como su señoría lo considere oportuno»[2]. Cuando la información se hizo pública, los teóricos empezaron a afirmar que los espermatozoides eran en realidad los homúnculos que tanto se había especulado.

Con el tiempo ambas teorías quedaron obsoletas. Los nuevos avances científicos permitieron hacer observaciones más detalladas y se descartó la idea de que en el óvulo o el espermatozoide existía una persona en miniatura. El origen de la vida volvió a ser un enigma hasta que en 1876 Oscar Hertwig descubrió que el espermatozoide penetra el óvulo. El hallazgo lo hizo mientras estudiaba la fertilización en erizos de mar. Caso resuelto.


Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
marianomurilloc@gmail.com


[1] El nombre completo del tratado es: Exercitationes de generatione animalium, quibus accedunt quaedam de partu, de membranis ac humoribus uteri, et de conceptione.
[2] Rodríguez: “La impresionante historia de Anton van Leeuwenhoek, el “descubridor” de los espermatozoides (y su peculiar reacción al conseguirlo)”, en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-47422115

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