FALLECE UN GRAN INVESTIGADOR EN ADICCIÓN A LA PORNOGRAFÍA

Gary Bruce Wilson fue un profesor de anatomía que se dedicó a investigar la adicción a la pornografía y ayudar a miles de personas a salir de esta dinámica. Fue ampliamente conocido por su charla en TEDx “El gran experimento del porno” y por su exitoso libro Your brain on porn (Tú cerebro en el porno). Nació el 12 de mayo de 1956 y falleció pocos días después de cumplir los 65 años, el 20 de mayo del 2021.

La adicción a la pornografía es una realidad que constantemente es negada, pero que la creciente investigación científica cada vez confirma más. Hoy sabemos que el porno genera cambios a nivel neurológico en cómo se percibe el estímulo sexual. La evidencia también muestra que con el paso del tiempo aumenta la cantidad de horas que se dedican a esta práctica y como el material se vuelve más agresivo. Mientas algunos insisten que esto no tiene efecto en la vida real, se ha visto como la población que consume este material tiene altos índices de conducta adictiva y disfunción eréctil. Pero lo peor de todo es cuando la agresividad que se ve en el porno pasa a la vida real y se asume como sano y deseable la violencia. Para aquellos que niegan que solo es un asunto de educación y que basta con explicar que lo que ocurre en la pantalla es tan solo una actuación, deberían investigar cómo actúan las neuronas espejo para que dejemos de pretender de una vez por todas que nada pasa. Esto no es una opinión ni un asunto de religión, es ciencia verificable que investigadores como Wilson han logrado ir esclareciendo.

«El consumo de porno no es una cuestión moral. Sin embargo, para el cerebro humano, el porno en Internet es tan diferente de las revistas eróticas como «El Mundo de Warcraft» lo es del juego de Damas. La capacidad de este singular estímulo supernormal para alterar el cerebro tiene importantes implicaciones para los consumidores (especialmente durante la adolescencia)» Gary Wilson [1] .

Para conocer más el trabajo de Wilson, recomendamos lo siguientes recursos:

  • Miniserie: Una miniserie de 5 capítulos basada en el trabajo de Wilson puede ser vista en el siguiente enlace (capítulo 1): https://youtu.be/i6gk4lW1hPo
  • Charla en TEDx: En TEDx Wilson analiza como el cerebro maneja la hiperestimulación causada por la pornografía y como la ciencia nos ayuda a entender sus síntomas: https://youtu.be/wSF82AwSDiU
  • Artículo sobre disfunción eréctil y adicción a la pornografía: En un artículo científico del 2016, Wilson y otros investigadores proponen un nuevo enfoque para el estudio y abordaje de las disfunciones sexuales cuando las explicaciones tradicionales no son útiles para comprender estos problemas. Se considera que la pornografía condiciona la excitación sexual provocando estos problemas en índices nunca antes vistos en varones de 40 años o menos: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27527226/
  • Página de despedida: En memoria de Wilson se abrió una página para que sus seguidores y cercanos puedan compartir unas últimas palabras en honor de este gran hombre: https://www.garywilson.life/


Mariano O. Murillo Cedeño, sexólogo
marianomurilloc@gmail.com
Actualización: 26 de mayo del 2021.


[1] Wilson, citado por FTND: “Your Brain on Porn: Gary Wilson’s online guide to the latest science and research”, en: https://fightthenewdrug.org/your-brain-on-porn-gary-wilsons-porn-fighting-ba-website-working/.

SENSIBILIZACIÓN DESDE LOS DERECHOS HUMANOS PARA LA EDUCACIÓN SEXUAL

Una de las ideas erradas más propagandas desde la Educación Sexual es que esta se basa en información y no en valores. La idea se originó en los Estados Unidos aproximadamente en la década de 1960 y ha sido utilizada más allá de sus fronteras sin advertir que surge de un contexto muy específico que no tiene equivalente en otras latitudes [1]. ¿A qué nos referimos? A que en Estados Unidos convergen poblaciones con etnias y religiones muy diversas entre sí, por lo que a la hora de promover la educación sexual no se podía dar prioridad a los valores de unos grupos sobre los de otros. Por otro lado, en este país la propaganda religiosa en los centros educativos está prohibida, lo cual creaba una cierta tensión social en cómo debían enfocarse temas como el matrimonio, la virginidad, el deseo erótico, entre otros. Bajo estas circunstancias se dijo que no se irían a proponer valores sino tan solo datos puntuales, lo que dejaba a las familias con la libertad de educar en este aspecto, al menos en principio. Si bien quizás algunos tuvieron una buena intención al difundir esta idea, la realidad es que la Educación Sexual no fue ni puede ser amoral [2], de lo contrario ¿cómo diríamos qué la violencia doméstica está mal? El error en todo esto ésta en pensar que los valores son un monopolio de las religiones.

Los valores no son un monopolio de las religiones y, por lo tanto, una Educación Sexual ética no equivale a una predica o una catequesis. Tres fuentes que pueden tomarse como base para elaborar principios éticos para la Educación Sexual son la Filosofía, la religión y los Derechos Humanos (DDHH).

La sensibilización a través de los DDHH

Los DDHH en la Educación Sexual sirven en parte para la sensibilización. Con sensibilización queremos decir que se pueden sacar a la luz diversas realidades negativas y generar empatía con ellas, como es el caso con la violencia doméstica, el abuso sexual infantil, el sexismo y otras. Por ejemplo, se podría discutir el tema de la desnudez forzada como una forma de violencia sexual y de tortura [3] o la protección especial que reciben los niños, las mujeres y los ancianos en la familia debido a su vulnerabilidad [4].

La función de los DDHH como medio de sensibilización ante la injusticia humana es innegable, sin embargo, como cualquier otro sistema no es perfecto y si no advertimos sus limitaciones seremos incapaces de mejorar. Su primera limitación es que no son la única fuente de valores. Así como dijimos que la religión no monopoliza los valores, tampoco estos lo hacen. Los DDHH son incapaces de responder a todos los retos éticos de la Educación Sexual porque simplemente hay temas como el amor y la fidelidad que no contemplan.

Otro aspecto es la creciente noción que hace ver a los DDHH como el non plus ultra de la ética. Eso constituye en un extremismo que diviniza a los DDHH. El imaginario colectivo tiende a pensar en la ONU como lo máximo y algunos políticos como el dominicano Laluz ha dicho que es «la mayor expresión de civilización humana». De forma similar existen posturas de derecho positivo que indican que los DDHH son un producto colectivo que crean la dignidad humana. Tal es el caso de Rojas [5] que escribe lo siguiente:

«Bien sabemos que los derechos humanos […] surgen como un conjunto de beneficios para la clase burguesa que se apropió del poder en Europa a finales del siglo XVIII, propuesta que […] creó abstracciones –como la dignidad, la igualdad, el derecho y la propiedad privada, entre otras– poco vinculadas con la realidad de los sujetos no propietarios o desposeídos, tanto humanos como no humanos» [6].

«De esta forma, la educación no convierte los derechos humanos en un tema más, en una teoría o abstracción a discutir, sino en un proceso de sensibilización, concientización y acción sobre la mejoría de la realidad que nos rodea. Esto con el fin de buscar alternativas necesarias para la producción y reproducción de la vida en las condiciones de dignidad por las que debemos luchar» [7].

Es cierto, los DDHH no son un tema más, son quizás el hito contemporáneo más importante en la comprensión ética de la persona tras uno de los períodos más cruentos de la historia, pero cuando Rojas dice que no son una «teoría más» sino un «proceso de sensibilización», casi que los concibe como si fueran un ente autónomo. Advirtamos nada más que los DDHH se originan de una concepción de derecho natural y no de derecho positivo como hoy muchos quisieran dar a entender.

Conclusión

En conclusión, los DDHH son un medio para incorporar los valores en la Educación Sexual y sensibilizar al público general. Su valor reside en que son una síntesis secular de los valores, sin embargo, hay que tener cuidado de no creer que son el único medio ni que contemplan todo el bagaje ético necesario para una tarea tan ardua. Que actúen como el denominador común entre las naciones no hace que sean una visión perfecta de la ética. Advertir esto nos ayuda a entender que en el fondo lo que sensibiliza no son los DDHH, porque estos al igual que cualquier otra norma no son más que palabras sobre un papel. Lo que en verdad que sensibiliza a las personas no son los DDHH sino los valores que estos encierran.


Autor: M. Sc. Mariano O. Murillo Cedeño
marianomurilloc@gmail.com


[1] En países latinoamericanos donde los valores son más homogéneos entre la población general, este principio no puede ser copiado. Lo que sí se puede hacer es realizar una buena lectura de los valores sociales y saberlos implementar.
[2] SIECUS: Siecus report, vol. 20, n. 6., 1-2.
[3] Existen casos como el de la Cárcel Miguel Castro Castro Vs. Perú (2006) y el de Espinoza Gonzáles Vs. Perú (2014). La desnudez forzada podría calificarse como un “trato degradante” desde la óptica de la Declaración sobre la protección de todas las personas contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (1975).
[4] Declaración Universal de los Derechos Humanos, arts. 16.3 y 25. | Pacto de San José, art. 17.1.
[5] Aída Rojas Chavarría es docente con una especialidad en Derechos Humanos.
[6] Rojas: Transeducarnos, 29. Confróntese además las páginas 34 y 72.
[7] Rojas: Transeducarnos, 73.

COMPROMISO Y PLACER SEGÚN MASTERS & JOHNSON

Para los sexólogos Masters y Johnson «un compromiso es un voto para hacer algo» [1], y la confianza que se deposita en esta promesa es la base de todo vínculo social: «Si una persona no pudiera tener la capacidad de confiar en otra, el vínculo social no podría existir» [2]. Este compromiso puede responder a fines más prácticos como cuando hablamos de una empresa, o a fines emocionales como sería el caso de los matrimonios. En las uniones de pareja el compromiso emocional es algo que se da como parte de la evolución natural de los sentimientos, es decir, que las parejas sin proponérselo, poco a poco se van vinculando más estrechamente.

El compromiso emocional genera dos tipos de sentimientos, la “simpatía” y la responsabilidad. La simpatía es la sensación de querer cuidar al otro y corresponderle con cariño, mientras que la responsabilidad es ser consciente de mi papel para alcanzar esto. Masters & Jonson explican que ambos sentimientos se experimentan al alzar a un bebé entre los brazos, pero que en este caso, los sentimientos no son recíprocos, porque el pequeño al principio no es consciente de ellos.

La unión de la pareja vendrá a ser reforzada por el placer el cual sella como el cemento su unión. Según nuestros sexólogos «el placer recíproco pone un sello al compromiso emocional» [3]. Pero placer no es solo el disfrute físico o sensual, sino que es mucho más rico que eso. En algún punto de este trayecto, la pareja en el afán de preservar y aumentar el placer mutuo, harán un compromiso formal buscando la fidelidad y el matrimonio, con la plena convicción de que lo que encontraron en el otro, no lo hallarán en otras personas. Sobre la fidelidad escriben lo siguiente:

«Su expectativa es la fidelidad, porque quieren ser fieles. Además, se dan cuenta de que si alguno de ellos, o ambos, hubiera de buscar satisfacción sexual con otras parejas, el círculo del compromiso se habría roto. Cuanto más satisfacciones encuentran con otras personas, menos son las que necesitan uno de otro; y cuanto menos necesitan uno de otro, más fácil les resulta andar por caminos separados. Más allá de toda racionalización, los episodios extramaritales demostrarían dos cosas: primero, que cada uno era incapaz de satisfacer las necesidades físicas y emocionales más básicas del otro, y segundo, que cada uno no consideraba al otro como una fuente, única en su género, y por ende irreemplazable, de satisfacción y de placer» [4] .

En el matrimonio muchas parejas quedan absorbidas por sus nuevos compromisos, a los que Masters & Johnson denominan “obligaciones”, y poco a poco pueden ir descuidando su vínculo emocional. Ellos no señalan que el problema sea el matrimonio o las obligaciones en sí, sino el descuido de lo emocional para dedicarse solo a estas últimas.

Otro problema que platean es que la misma confianza que depositan en el otro para crear su vínculo y aumentar el placer mutuo, es la misma acción que los vuelve vulnerables. Si la confianza es lo que une a la pareja, el miedo a ser dañado es lo que destruye el placer sexual. «Y es que el principal obstáculo para el placer sexual es el miedo, en todas sus formas: el miedo a ser herido, física y emocionalmente; el miedo de equivocarse o de cometer un error y de ser castigado; el miedo de que lo consideren a uno feo, torpe, tonto, incompetente, indiferente, indeseable… una lista casi interminable que incluye todas las ideas negativas que alguna. vez hayan podido tener de sí mismos los seres humanos» [5]. El miedo a revelarse como seres sexuales dotados de deseos y necesidades afectivas, va distanciándolos emocionalmente. Ser un ser sexual «[…] significa más que la simple aceptación de la identidad masculina o femenina» [6], «ser una persona sexual significa ser sensible a los propios sentimientos sexuales, o sea, tener conciencia de los impulsos sexuales espontáneos que nacen en el propio cuerpo, aceptados como naturales, sanos y “buenos”, disfrutar de ellos si vergüenza ni culpa, y permitir que se sumen hasta terminar tensiones que requieren cierta forma de liberación» [7].

Partiendo de todas estas ideas, los sexólogos concluirán que un «compromiso total» es aquel en el que todo sentimiento de obligación o responsabilidad está entretejido con todo sentimiento sexual [8]. Para que una pareja subsista, es necesario atender a ambos compromisos y no descuidarlos.


Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
marianomurilloc@gmail.com


[1] Masters & Johnson: El vínculo del placer, 323.
[2] Masters & Johnson: El vínculo del placer, 324.
[3] Masters & Johnson: El vínculo del placer, 325.
[4] Masters & Johnson: El vínculo del placer, 327.
[5] Masters & Johnson: El vínculo del placer, 337.
[6] Masters & Johnson: El vínculo del placer, 336.
[7] Masters & Johnson: El vínculo del placer, 336.
[8] Masters & Johnson: El vínculo del placer, 343-344.

¿QUÉ ES LO QUE ENTRA EN RELACIÓN EN UNA RELACIÓN SEXUAL?

El significado del concepto de “relación sexual” parece ser más que evidente. Nadie tiene dudas de qué estamos hablando, pero como acontece frecuentemente en el mundo de la sexualidad, nos quedamos sin palabras a la hora de definir hasta los conceptos más básicos. “Sexualidad”, “amor”, “orgasmo” y otros términos son tan solo algunos ejemplos, y el de “relación sexual” no es la excepción. Por ello, para hacer una primera aproximación al concepto, deberíamos preguntarnos qué es lo que se relaciona, con qué se relaciona y qué tipo de relación funda.

En la relación sexual lo que entra en relación no es la sexualidad sino mi persona. Este principio conviene no olvidarlo porque es muy fácil invertirlo, o al menos en cierta medida a nivel práctico. La cuestión es simple, o la persona reconoce que es ella quien guía su sexualidad o deja que sus impulsos tomen el control. En la primera opción se dan las condiciones para poder alcanzar la armonía de la vida sexual, en la segunda la persona constantemente se siente confundida, fragmentada y arrepentida.

¿Y la persona entra en relación con qué? La respuesta es lógica, con otra persona. Esto significa que la relación sexual es solo una forma de relación interpersonal. Sin embargo, en el mundo de la sexualidad a diferencia de otras formas de relacionarse, muchos se empeñan por reducir el grado de involucramiento interpersonal. Todos hemos escuchado expresiones como “es solo sexo”, “no sé por qué lo hice”, “sólo es entretenimiento”, como quien pretende hacerse ajeno a la situación. Nunca hemos escuchado cosas como “yo compré el reloj, pero solo fue algo económico” o “salí con mi familia, pero solo era entretenimiento”. Nadie se expresa así porque nadie pone en duda que somos el protagonista de las acciones que hacemos, pero en la sexualidad ahí sí que muchos tratan de marcar una diferencia entre quienes son y qué es lo que hacen. Bajo esta mentalidad algunos llevan una doble vida en donde en la cama se vale ser cruel, desatento y promiscuo, mientras que en las demás facetas de la vida se es amable, comprensivo y fiel.

Ya planteado lo anterior, podemos comprender mejor que tipo de relación que hay en una relación sexual. Tres consideraciones que podemos tener en cuenta son las siguientes:

  • Son relaciones dignas: Son relaciones entre dos sujetos dignos e iguales. Toda tendencia a cosificar no puede ser tolerada. Por eso el sexólogo Diamond recomendaba: «Trate a su pareja como una persona, no sólo como un cuerpo» [1].
  • Son relaciones personales: No podemos conceptualizar la relación sexual como una interacción entre los genitales como si la relación sexual fuese una función incapaz de ser asumida personalmente. ¿Entendemos la relación sexual de la misma forma que unos riñones limpian la sangre? ¿Es que al pene o a la vagina no le quedó otra opción que unirse a costa de nuestros sentimientos, familia y pensamientos? No, los genitales no son órganos que funcionan sin nuestro consentimiento, así que si una relación sexual se lleva a cabo es porque yo decidí relacionarme.
  • Son de encuentro: Las relaciones sexuales fundan un tipo de relación que llamaremos de “encuentro”. Las relaciones sexuales por su propia dinámica tienen el potencial de configurar el núcleo más íntimo de la persona, superando así la mera superficialidad y creando un encuentro erótico. Cuando dos personas interactúan eróticamente no ejercen simples tratos superficiales, sino que se comparten mutuamente, porque lo que entra en relación no son sus genitales sino sus personas.

En nuestro intento de llegar a definir el concepto de “relación sexual”, no podemos ignorar el presupuesto antropológico que hemos descrito en estas pocas líneas. Tenerlo en cuenta nos permitirá hacer una definición más acertada.

Desaproximaciones al concepto de relación sexual

Definir “relación sexual” sin tener en cuenta que es la persona en su unidad la que entra en relación puede conllevar a falencias más o menos graves. Algunos casos son los siguientes:

El Ministerio de Educación Pública (MEP) de Costa Rica en su programa de Educación Sexual del 2017 propone tres definiciones de “relaciones sexuales”, las cuales separa en coitales, corporales y genitales. El error del MEP está en la fragmentación del encuentro erótico y tratar de trazar una línea para explicar dónde empieza y termina lo corporal aparte de lo genital y de lo coital. Un rápido examen a las definiciones nos devela tanto sus errores técnicos como sus contradicciones internas. Por ejemplo, en la definición de “relaciones sexuales genitales” dicen que son «[…] aquellas en las cuales se exploran estimulan y disfrutan sensaciones en los genitales […]» [2], y en la de “relaciones sexuales corporales” afirman que «[…] pueden incluir, o no, la exploración y estimulación de los genitales» [3]. La pretendida diferencia establecida por ellos mismos sucumbe y no tiene ninguna utilidad práctica en la formación de los estudiantes. Al fin de cuentas “las genitales” están del todo incluidas en “las corporales”. Como ejemplo de error técnico podemos ver como en la definición de “relaciones sexuales coitales” establecen que es cuando se da la «[…] penetración del pene en la vagina o en el ano» [4]. Coito es un acto reproductivo que, como bien dijo Kinsey, «[…] nunca tiene más de un significado, el cual es la unión genital entre una hembra y un macho» [5], por lo que definirlo como penetración anal es un error [6]. Otros detalles podrían ser anotados, pero no pretendemos hacer un análisis extenso de estos tres términos en el programa educativo.

Una postura radical de “relaciones sexuales” la encontramos en el sexólogo Marty Klein, quien tras un breve análisis del coito en su libro Sexo inteligente, concluye lo siguiente: «Por lo tanto, te propongo que “Renuncies al Coito”» [7]. Aunque Klein no hace una definición formal de relaciones sexuales, detrás de su propuesta evidentemente hay un concepto de fondo. Tratar de explicarlo no es el propósito de este artículo [8], pero definitivamente no parte de un enfoque personalista como el que hemos desarrollado previamente. Las palabras de Klein que abogan por retirar de la erótica una práctica completamente válida y natural, ignoran por completo la experiencia de miles de personas que en el coito experimentan el “encuentro”. Y es que más allá de sensación física, en la que sabemos que solo el 25% de las mujeres van a llegar al orgasmo con la sola penetración [9], el coito en su dimensión psicológica presupone un acto de profunda intimidad [10]. El mismo Klein enfrenta tal idea y claramente dice: «[…] deja de usar la palabra intimidad para referirte al coito o a acciones sexuales» [11].

Una definición que también se aleja un poco de la consideración personal es la de Nayara Malnero, una de las sexólogas más reconocidas en el mundo. En su libro dirigido a los adolescentes escribe: «Claro que sí, la expresión “practicar sexo” significa algo y no tiene nada que ver con nuestro DNI [12]. El sexo también es algo que se hace, que se practica a solas o en pareja, dependiendo de cómo lo definas» [13]. Seguidamente afirma: «Masturbarse es tener sexo con uno mismo, masturbar a tu novio/-a es tener sexo con otra persona» [14]. Técnicamente Malnero no comete un error grave porque ella explica que hay diferentes formas de definir las “relaciones sexuales”. Sin embargo, como queda patente ella adhiere a la opción de incluir dentro de la definición a las prácticas que se realizan individualmente. Si bien sí es posible hablar de “entrar en relación conmigo mismo”, esta posibilidad solo se entiende desde ese primer significado de vincularse con “lo otro” o “el otro”. Una segunda razón por la cual presentamos una objeción tiene que ver con un carácter de conveniencia teórica, es decir, no resulta conveniente incluir las prácticas autoeróticas dentro de la misma categoría en la que está el encuentro erótico, ya que hay una dinámica distinta entre ambas. Pero hay una razón de mayor peso que es altamente ignorada por muchos expertos en la materia, y es que el concepto “sexual” implica que hay otro, ya que la palabra “sexualidad” procede del latín secare, que significa “seccionar” o “cortar”. En este sentido conductas como la masturbación podría decirse que no son “sexuales” porque no ponen a la persona en diálogo con el otro sexo. Pero que no se nos mal interprete, con esto no queremos excluir al autoerotismo del análisis sexológico, ni tampoco afirmamos que no haya nada de sexual en dicha experiencia, solo aclaramos la terminología para fundamentar mejor nuestro concepto de relación sexual.

            Las tres posturas anteriores se alejan de formas diferentes de la visión de la persona como unidad en diálogo. Las formulaciones teóricas que hemos citado no es que tengan que hacer mención explícita de la terminología que usamos. No, nuestra pretensión no es dar una definición única que agote el desarrollo científico, sino clarificar el principio de fondo que no puede ser contradicho sin menoscabar su significado más humano. El problema no es crear categorías o hablar de autoestimulación, es la visión desintegrada de la relación sexual en detrimento del valor supremo de la persona.

Conclusión

Analizados los puntos anteriores, estaremos en una mejor capacidad para comprender la particularidad de aquello que llamamos relaciones sexuales. Al acercarnos a su núcleo más íntimo y comprender el protagonismo que tiene la persona en su dinámica, podremos construir conceptos y teorías que sean más acordes para la Sexología del siglo XXI.

La diferencia entre la relación sexual desde la persona y aquella que se hace desde la sola sexualidad, se traduce en la búsqueda de meros placeres pasajeros o en la formación compromisos con el otro. Quizás por eso Masters & Johnson decían que «el placer recíproco pone un sello al compromiso emocional» [15]. Si entendemos a las relaciones sexuales como meros ejercicios placenteros o como un entrecruce de genitales, no podremos darnos cuenta de una experiencia mucho más rica y personal, es decir, aquella en la que el placer y lo genital está al servicio de la relación interpersonal [16].


Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
marianomurilloc@gmail.com


[1] Diamond: Vivir el sexo, 181. Para profundizar un poco más sobre el significado del cuerpo en la sexualidad puede verse el siguiente video: https://youtu.be/5gUVcT0bLEA
[2] MEP: Programa de estudio de afectividad y sexualidad integral. Tercer ciclo, 71: «Las relaciones sexuales genitales son aquellas en las cuales se exploran, estimulan y disfrutan sensaciones en los genitales, a través de caricias, sexo oral, penetración de dedos, otras partes del cuerpo u objetos sexuales, entre otros».
[3] MEP: Programa de estudio de afectividad y sexualidad integral. Tercer ciclo, 71: «Las relaciones sexuales corporales son aquellas en las que los cuerpos se encuentran a través de diversas expresiones como besos, caricias, acercamientos, rozamientos, etc. Las relaciones sexuales corporales pueden incluir, o no, la exploración y estimulación de los genitales».
[4] MEP: Programa de estudio de afectividad y sexualidad integral. Tercer ciclo, 71: «Las relaciones sexuales coitales son aquellas en las cuales se presenta penetración del pene en la vagina o en el ano».
[5] Kinsey, Pomeroy, Martin & Gebhard: Sexual behavior in the huma female, 101: «Coitus —pronounced co’i-tus, with the accent on the first syllable— refers to a union of male and female genitalia. The term intercourse, used without a modifier, is often intended as an exact synonym of coitus. On the other hand, there may be oral intercourse, anal intercourse, homosexual intercourse, and, in a totally non-sexual sense, social intercourse. The term coitus never carries more than the one meaning, which is genital intercourse between a female and male».
[6] No negamos que hay sexólogos que actualmente hablan de “coito anal”, pero sigue siendo un error y no parecen ser la mayoría.
[7] Klein: Sexo inteligente, 154.
[8] Intuimos que el concepto de “relaciones sexuales” que maneja Klein puede tener una perspectiva entre hedonista y conformista. Si se nos permite ser más técnicos, parece partir más desde un paradigma kinseyano. No podemos llegar a una conclusión completa en este artículo porque examinar tal cuestión llevaría a una profundización mucho mayor.
[9] Kaplan: La eyaculación precoz, 18-19. Puntualmente dice: «[…] el 75 por ciento de las mujeres perfectamente normales no son capaces de alcanzar el orgasmo con sólo la penetración vaginal, sin que tenga ninguna importancia la duración de ésta. Estas mujeres sexualmente sanas sólo pueden llegar al orgasmo si reciben una estimulación directa sobre el clítoris antes, después o durante el coito».
[10] Cf. Wolf: Vagina, 97-106. Tras una exposición del funcionamiento del orgasmo en cuatro capítulos, en los que contempló la distribución de los nervios, los producción de neuroquímicos, las características psicológicas del orgasmo y las zonas erógenas en la cérvix, todo con referencias a estudios científicos en revistas indexadas, la autora escribe: «También me daba cuenta de que para muchas mujeres, cuando se ejerce presión sexual sobre el cuello uterino, los orgasmos pueden tener un tono mucho más emocional: las mujeres pueden echarse a llorar después de tener un orgasmo en el que ha participado el cuello uterino. Muchas mujeres me han contado cómo se han vuelto emocionalmente “adictas” a esa sensación con un amante en concreto» (p. 99). Wolf narra lo anterior para indicar cómo los estudios científicos que acaba de exponer demostraban que lo que muchas mujeres y ella misma habían experimentado era real.
[11] Klein: Sexo inteligente, 153.
[12] En España el DNI es el documento nacional de identificación.
[13] Malnero: Sexperimentando, 20.
[14] Malnero: Sexperimentando, 20.
[15] Masters & Johnson: The pleasure bond, 253: «Mutual pleasure sets a seal on emotional commitment».[
16] Una video anterior a este artículo donde intentamos hacer una definición es el siguiente: https://youtu.be/opkxymwoO_g

placer y amor, dos sensaciones en cuatro neuroquímicos

El placer y el amor, dos sensaciones que están asociadas al menos a cuatro químicos en el cerebro. Si a veces las concebimos como rivales es porque las señales que envían a nuestro cerebro tienen diferentes objetivos y si privilegiamos a una sobre las demás, podría producirse un desbalance. Estos neuroquímicos que influyen en la sexualidad de la persona son la oxitocina, la dopamina, la serotonina y las endorfinas [1].

  • Oxitocina: Es conocida como la hormona del amor y en este sentido, el amor no solo es un sentimiento, sino que es además tu cuerpo. La oxitocina se libera al hacer ejercicio, al leer y al tener relaciones sexuales, pero cuando más abunda es durante el parto. La oxitocina también influencia en gran medida la conducta social, emocional, sexual y paternal. Entre sus efectos están las contracciones durante el parto, la lactancia, la excitación, las palpitaciones aceleradas durante el enamoramiento y la reducción del miedo social.
  • Dopamina: Es un químico que produce la sensación de placer. Se libera cuando se come, se tiene relaciones sexuales o se usan drogas. Su efecto es de corto plazo. La dopamina crea lo que se conoce como un sistema de recompensa, es decir, que premia a las actividades que la producen. Esto crea el deseo de repetir la actividad que le dio origen y por eso la dopamina podría llegar a concretarse en una adicción. Este neurotransmisor le dice al cuerpo: “Quiero más, porque esto no es suficiente”.
  • Serotonina: Es el químico de la felicidad. Ayuda a regular el estado de ánimo, la digestión, el sueño, la memoria y la función sexual. Una baja cantidad de serotonina se asocia con la depresión. No produce un disfrute adictivo, sino que dice «estoy bien y fue suficiente».
  • Endorfinas: Son químicos que bloquean temporalmente el dolor. Esto es algo muy útil cuando se hace ejercicio físico, pero también puede conducirnos a la adicción sexual y volvernos ciegos ante sus consecuencias negativas.

Los neuroquímicos anteriores no son enemigos, todos son necesarios para el correcto funcionamiento de la persona. Lo que llamamos desbalance en la mayoría de los casos puede resolverse con pequeñas acciones que nos permiten retomar nuestra vida. Si el problema está en la dopamina que emitimos a la hora de comer, seguramente la solución no estará en aguantarse las ganas sino en redescubrir el placer de la felicidad que está asociado a otras actividades. Si lo que se quiere es no recurrir a actividades sexuales que traen dolor aunque son placenteras, quizás deberíamos revisar si estamos intentando enmascarar un problema con las endorfinas que nos reporta dicha práctica. La consulta con un sexólogo o especialista podría ayudarnos a salir de las malas interpretaciones que hacemos sobre la sexualidad y de nosotros mismos.


Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
marianomurilloc@gmail.com


[1] La oxitocina es una hormona. La dopamina y la serotonina son neurotransmisores. Las endorfinas son péptidos opioides endógenos

CONSEJOS AL INICIAR UN NOVIAZGO

Amar no es algo sencillo, sino que implica mucho trabajo de ambas partes. Es por ello por lo que al iniciar una relación de pareja los detalles pueden hacer la diferencia. Aquí te ofrecemos algunos elementos que son muy útiles:

  • Amistad: Asegúrate de que tu novio también sea tu amigo. A los amigos no los une la atracción física, sino el saberse únicos. Si tu novio o novia solo te atrae a nivel físico y no es alguien con quien te diviertes y te gusta pasar el tiempo, déjale ir.
  • Diálogo: Una relación de pareja es de dos, no tomar en cuenta al otro, evitar temas y no decir lo que uno piensa, crea una distancia que se traduce en rupturas, relaciones insatisfactorias o una doble vida.
  • Honestidad: Las personas usualmente mienten para evitar problemas, por desconfianza o por miedo. Estas actitudes en el fondo se hacen para que el otro me acepte y ame, ya que la verdad podría apartarlo. El problema con esto es que se terminaría amando a un ser imaginario, ya que el verdadero nunca se dio a conocer.
  • Sean pacientes: Al inicio de una relación existe mucha conexión y se destacan mucho los aspectos positivos de la pareja. Con el tiempo vienen los primeros problemas y las novios revaloran su relación. Sólo tras estas etapas inicia un amor más consciente. Recordemos que todo gran árbol antes fue una planta pequeña.
  • No sigan recetas amorosas: Las recetas pueden ser muy útiles si quieres hacer un postre o una salsa, pero para que la otra persona se enamore no. Los consejos si son útiles, pero eso son ingredientes que tu aplicas según tu criterio. Piénsalo, si existiese la receta mágica, nadie tendría problemas amorosos.
  • Aconséjense mutuamente: Cada cierto tiempo pregúntense entre sí: “¿Qué puede hacer para hacerte feliz?”. En el momento no repliquen si están de acuerdo o no, solo escúchense y posteriormente valoren individualmente si consideran aplicar o no lo que escucharon.
  • Si el problema persiste busquen ayuda profesional: Cuando el amor es auténtico, las parejas están dispuestas a hacer lo que sea con tal de salvar su relación. Pedir ayuda no debería ser motivo de vergüenza, rendirse a la primera tal vez sí. Un sexólogo puede ser muy útil para desarrollar hábitos de pareja útiles para manejar sus emociones y deseos y aprender a armonizarlos con su proyecto de vida. Por otro lado, muchos opinan que los novios no deberían buscar este tipo ayuda. Tal creencia parte de la idea de que el noviazgo es como una especie de juego y no una relación seria. Pero la experiencia nos demuestra lo contrario, ya que los novios que buscan este tipo de guía usualmente no están jugando, sino que le ponen empeño a su relación sin que sea necesario un vínculo legal entre ellos.

Hay muchas cosas que hemos dejado por fuera, pero estamos seguros de que estos consejos te serán muy útiles. Déjanos saber en comentarios cuál de estos consejos te resultó más beneficioso. También puedes escribirnos sobre cómo es o fue tu noviazgo.


Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
marianomurilloc@gmail.com

¿DÓNDE ESTÁ EL ORGASMO?

La pregunta suena un poco extraña, pero es entendible. El orgasmo no es un objeto tangible que podemos poner en un lugar u otro, pero sí algo que ocurre y la pregunta es dónde. La mayoría de las personas pensaría que la respuesta es evidente, sin percatarse que su propia experiencia dice lo contrario. Lo primero que nos viene a la mente es creer que el orgasmo ocurre en los genitales, obvio, ¿no? Esta forma de pensar está tan arraigada en nuestra cultura occidental que se ha vuelto un dogma. La música, las series, las películas y sobre todo la pornografía refuerzan esta idea incesantemente: un pene y una vagina es igual a un orgasmo, el orgasmo es al final de cuentas una eyaculación en el hombre y una lubricación abundante en la mujer. Eso parece, pero no es así.

Advertimos que nuestro fin no es terminar diciendo que el orgasmo es algo que ocurre en la mente. Es lógico que las sensaciones de dolor o placer las produce el cerebro, pero también es cierto que cuando nos golpeamos el pie no nos termina doliendo el estómago. Es claro que el cerebro envía las sensaciones, pero estas sensaciones no se distribuyen aleatoriamente. De igual forma con el orgasmo, no es que los genitales sienten algo y la señal terminará dándose en otro lado. Sí, las sensaciones que perciben los genitales se sienten en los genitales, y sí, el orgasmo no está en éstos. Parece contradictorio, pero no. Existe una respuesta clara a esta interrogante.

Los primeros en desmontar de forma contundente y verificable el mito de que el orgasmo ocurre en los genitales, fueron Masters & Johnson. En su revolucionario libro, Respuesta sexual humana, lo primero que van a decir tanto al iniciar el apartado del hombre como de la mujer, es que la reacción corporal a los estímulos sexuales no está limitada a los genitales. No es solo lo primero que dicen, sino que es puntualmente la primera oración que escriben en ambas secciones. Con esto dan a entender que el primer paso para comprender cómo actúa el cuerpo ante los estímulos eróticos es no reducir la sexualidad a la genitalidad.

Sobre la mujer escriben: «La respuesta fisiológica de la mujer a la estimulación sexual no está confinada a las vísceras del aparato reproductivo» [1]. De forma similar escribirán lo siguiente sobre el varón: «Las reacciones físicas masculinas a niveles elevados de tensión sexual no se hallan confinadas a los órganos primarios o secundarios de la reproducción» [2]. Nótese que lo que están diciendo no es que no hay reacciones sexuales a nivel genital, sino que estas no se delimitan a los mismos. Dicho de otra forma, hay una respuesta sexual más allá de los genitales. La famosa pareja de sexólogos advierte que ellos no fueron los primeros en describir reacciones sexuales extragenitales, sino que investigadores como Ellis, Dickinson, Kinsey y otros ya lo habían hecho, pero sin haberlas comprendido ni apreciado lo suficiente.

Y entonces, ¿dónde se ubica el orgasmo? El orgasmo a diferencia de otras sensaciones ocurre en todo el cuerpo. Si te golpeas el pie es probable que solo cojees un poco y si el golpe es muy fuerte tal vez grites, te encorves y quieras sentarte para reposar unos segundos, pero no hay duda de que el dolor está focalizado en el pie. En el orgasmo no es tan simple, los estímulos sexuales van a causar tensión en los músculos, la sangre se empezará a acumular en diferentes partes del cuerpo, aumentarán las palpitaciones y la respiración irá en aumento. Da igual si estas teniendo un coito, si te están acariciando los pechos o si te besan con pasión, las consecuencias se sentirán de forma generalizada. En el estallido del orgasmo cerrarás los ojos, estirarás los pies, se tensarán repentinamente todos tus músculos y tendrás un sinfín de reacciones. Tal vez creas que el orgasmo ocurre en los genitales porque ahí las contracciones son muy fuertes, pero si prestas atención descubrirás que tu ser entero participó del orgasmo y no solo una pequeña sección de tu cuerpo.


Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
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[1] Masters & Johnson: Human sexual response, 27. Texto original: «The human female’s physiologic response to sexual stimulation is not confined to the reproductive viscera».
[2] Masters & Johnson: Human sexual response, 171. Texto original: «The human male’s physical reaction to elevated levels of sexual tension es not confined to the primary or secondary organs of reproduction».

LOS DOS SISTEMAS SEXUALES DE MASTERS & JOHNSON Y LA UNIDAD DE LA SEXUALIDAD (video #2)

La sexualidad es una unidad porque es imposible separar lo corporal de lo psicológico. Esta idea ya tomaba forma con Masters & Johnson, para quienes la sexualidad está constituida por el sistema biofísico y el psicosocial. Ambos sistemas se influencian entre sí y uno no pueden ser funcional sin el otro.

La cita textual dicha durante el video, es la siguiente:

«There also has been failure to conceptualize the whole of sexual experience for both the human male and female as constituted in two totally separate systems of influence that coexist naturally […]» [1].

Esta cita puede ser traducida de la siguiente forma:

«También ha habido un fracaso en conceptualizar la completa experiencia sexual tanto para el hombre como para la mujer como constituidos en dos sistemas de influencia totalmente separados que coexisten de forma natural […]».

Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
marianomurilloc@gmail.com


[1] Masters & Johnson: Human Sexual Inadequacy, 218-219.

CEREBRO, SEXUALIDAD, UNIDAD (video 1)

A nivel sexual a veces los deseos, las emociones y los pensamientos van en direcciones opuestas, pero al ver como es el cerebro descubrimos que no son tres fuerzas opuestas sino complementarias en la persona.

La cita textual dicha durante el video es la siguiente:

«Lo ideal sería que el tronco cerebral, el sistema límbico y el neocórtex unieran armoniosamente nuestros instintos, sentimientos y pensamientos. Sin embargo, la mayor parte del tiempo los tres niveles van cada uno por su lado, mezclando, por ejemplo, nuestros sentimientos en una tormenta de ideas» [1].


Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
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[1] Janov: La biología del amor, 31.

MACHO Y HEMBRA EN EL LENGUAJE TÉCNICO

Hay una serie de ideas que desde hace mucho he querido poner por escrito en relación con el uso de conceptos como “macho” y “hembra”, así como otros similares, en el lenguaje sexológico. Quiero aclarar de antemano que las siguientes consideraciones son más subjetivas que el resultado de un estudio sistemático, por lo que no pretendo dar conclusiones absolutas ni estoy cerrado a las apreciaciones de expertos en el lenguaje y la traducción. Teniendo esto en cuenta, procedo a dar una serie de consideraciones en cuanto al uso técnica de estas palabras:

  1. En el español los conceptos de macho y hembra suelen usarse en relación con los animales, mientras que “masculino” y “femenino” en relación con las personas. En el inglés existen respectivamente las palabras “male” y “female” y “masculine” y “feminine”. Sin embargo, la diferencia entre estos pares de conceptos en el inglés es mucho menos marcado que en el español, es decir, male y female se usan frecuentemente tanto para animales como para personas.
  2. El Informe Kinsey fue sumamente influyente en el uso de estos y otros conceptos. El título original de la principal obra de Kinsey fue Sexual behavior in the human male (1948), lo que se traduce textualmente como “La conducta sexual del humano macho”. Sin embargo, en la traducción oficial al español es La conducta sexual del varón [1]. Nótese que Kinsey habló de human male (humano macho) y no de man (varón). La razón de esto está, al menos en parte, en que Kinsey era un zoólogo de profesión y piensa como tal. En este sentido hablará de “humano” y no tanto de “persona”, de “macho” y “hembra” y no tanto de “varón” y “mujer”. El mismo libro aclara que se utilizará el método taxonómico (pp. 16-21). También en el desarrollo del texto es usual ver el uso del concepto male (macho) en vez de man (varón). Repetimos que en inglés es usual aplicar el término male a las personas, por lo que el problema que vemos no es tanto su uso, sino el poco uso de otras posibilidades. Por ejemplo, se habla de «single males» [2] (varones solteros) en vez de un equivalente como “single men” en donde explícitamente men equivale a “varones”. Igualmente se habla de «all males» [3] (todos los varones) en vez de “all men”, de «the American male» [4] (el varón americano) en vez de “the american men”, entre otros. Esto mismo va a ocurrir en el siguiente libro de Kinsey, pero ahora en términos femeninos: Sexual behavior in the human female (1953).
  3. Este desbalance en la obra de Kinsey que prioriza el concepto de male o female frente a otras posibilidades, no se da en las obras de Masters & Johnson, los siguientes grandes exponentes de la sexología estadounidense. La pareja de sexólogos titulará su primera obra Human sexual response (Respuesta sexual humana) (1966) y aunque utilizará los conceptos de “human” (humano), “male” y “female”, cuando quieren referirse a un sexo específico no dudan en hablar de “man/men” (varón/varones) y “woman/women” (mujer/mujeres).
  4. El libro de Simone de Beauvoir, El segundo sexo (1949), fue también un texto muy influyente en el uso y significado del concepto de hembra. Para De Beauvoir “mujer” no es lo opuesto a “varón”, sino una forma de ser, una palabra que engloba una serie de ideas que no son propias de la mujer pero que creemos que si lo son. La hembra humana es el ser concreto, la mujer es un invento social. Así que no importa cuantas veces se diga la palabra mujer en El segundo sexo, porque esa palabra es un espejismo. Sabemos que el humano puede ser macho o hembra, que a los machos les decimos varones, pero para las hembras no tenemos una palabra específica. El texto más famoso del libro nos ayuda a precisar el uso de estos conceptos por parte de De Beauvoir: «No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; el conjunto de la civilización elabora este producto intermedio entre el macho y el castrado que se suele calificar de femenino» [5].

A modo de conclusión, hemos de decir que, en el desarrollo de una sexología más humana y personalista, hay que propiciar el uso de conceptos como persona, varón, mujer, masculino y femenino, sobre los de humano, macho y hembra. De lo contrario se caería en un enfoque más animalista o biologicista y se negarían parcialmente facetas tan humanas como el amor, la vida en pareja, los proyectos en común y otros. Si en el pasado hubo razones por las cuales se utilizaron unos y no otros conceptos, eso no significa que debamos permanecer ahí.


Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
marianomurilloc@gmail.com


[1] Traducción del Dr. Federico Pascual del Roncal para la Editorial Interamericana.
[2] Kinsey, Pomeroy & Martin: Sexual behavior in the human male, 357.
[3] Kinsey, Pomeroy & Martin: Sexual behavior in the human male, 339.
[4] Kinsey, Pomeroy & Martin: Sexual behavior in the human male, 7.
[5] De Beauvoir: El segundo sexo, 371.