MACHO Y HEMBRA EN EL LENGUAJE TÉCNICO

Hay una serie de ideas que desde hace mucho he querido poner por escrito en relación con el uso de conceptos como “macho” y “hembra”, así como otros similares, en el lenguaje sexológico. Quiero aclarar de antemano que las siguientes consideraciones son más subjetivas que el resultado de un estudio sistemático, por lo que no pretendo dar conclusiones absolutas ni estoy cerrado a las apreciaciones de expertos en el lenguaje y la traducción. Teniendo esto en cuenta, procedo a dar una serie de consideraciones en cuanto al uso técnica de estas palabras:

  1. En el español los conceptos de macho y hembra suelen usarse en relación con los animales, mientras que “masculino” y “femenino” en relación con las personas. En el inglés existen respectivamente las palabras “male” y “female” y “masculine” y “feminine”. Sin embargo, la diferencia entre estos pares de conceptos en el inglés es mucho menos marcado que en el español, es decir, male y female se usan frecuentemente tanto para animales como para personas.
  2. El Informe Kinsey fue sumamente influyente en el uso de estos y otros conceptos. El título original de la principal obra de Kinsey fue Sexual behavior in the human male (1948), lo que se traduce textualmente como “La conducta sexual del humano macho”. Sin embargo, en la traducción oficial al español es La conducta sexual del varón [1]. Nótese que Kinsey habló de human male (humano macho) y no de man (varón). La razón de esto está, al menos en parte, en que Kinsey era un zoólogo de profesión y piensa como tal. En este sentido hablará de “humano” y no tanto de “persona”, de “macho” y “hembra” y no tanto de “varón” y “mujer”. El mismo libro aclara que se utilizará el método taxonómico (pp. 16-21). También en el desarrollo del texto es usual ver el uso del concepto male (macho) en vez de man (varón). Repetimos que en inglés es usual aplicar el término male a las personas, por lo que el problema que vemos no es tanto su uso, sino el poco uso de otras posibilidades. Por ejemplo, se habla de «single males» [2] (varones solteros) en vez de un equivalente como “single men” en donde explícitamente men equivale a “varones”. Igualmente se habla de «all males» [3] (todos los varones) en vez de “all men”, de «the American male» [4] (el varón americano) en vez de “the american men”, entre otros. Esto mismo va a ocurrir en el siguiente libro de Kinsey, pero ahora en términos femeninos: Sexual behavior in the human female (1953).
  3. Este desbalance en la obra de Kinsey que prioriza el concepto de male o female frente a otras posibilidades, no se da en las obras de Masters & Johnson, los siguientes grandes exponentes de la sexología estadounidense. La pareja de sexólogos titulará su primera obra Human sexual response (Respuesta sexual humana) (1966) y aunque utilizará los conceptos de “human” (humano), “male” y “female”, cuando quieren referirse a un sexo específico no dudan en hablar de “man/men” (varón/varones) y “woman/women” (mujer/mujeres).
  4. El libro de Simone de Beauvoir, El segundo sexo (1949), fue también un texto muy influyente en el uso y significado del concepto de hembra. Para De Beauvoir “mujer” no es lo opuesto a “varón”, sino una forma de ser, una palabra que engloba una serie de ideas que no son propias de la mujer pero que creemos que si lo son. La hembra humana es el ser concreto, la mujer es un invento social. Así que no importa cuantas veces se diga la palabra mujer en El segundo sexo, porque esa palabra es un espejismo. Sabemos que el humano puede ser macho o hembra, que a los machos les decimos varones, pero para las hembras no tenemos una palabra específica. El texto más famoso del libro nos ayuda a precisar el uso de estos conceptos por parte de De Beauvoir: «No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; el conjunto de la civilización elabora este producto intermedio entre el macho y el castrado que se suele calificar de femenino» [5].

A modo de conclusión, hemos de decir que, en el desarrollo de una sexología más humana y personalista, hay que propiciar el uso de conceptos como persona, varón, mujer, masculino y femenino, sobre los de humano, macho y hembra. De lo contrario se caería en un enfoque más animalista o biologicista y se negarían parcialmente facetas tan humanas como el amor, la vida en pareja, los proyectos en común y otros. Si en el pasado hubo razones por las cuales se utilizaron unos y no otros conceptos, eso no significa que debamos permanecer ahí.


Autor: Mariano O. Murillo Cedeño
marianomurilloc@gmail.com


[1] Traducción del Dr. Federico Pascual del Roncal para la Editorial Interamericana.
[2] Kinsey, Pomeroy & Martin: Sexual behavior in the human male, 357.
[3] Kinsey, Pomeroy & Martin: Sexual behavior in the human male, 339.
[4] Kinsey, Pomeroy & Martin: Sexual behavior in the human male, 7.
[5] De Beauvoir: El segundo sexo, 371.

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